El listillo

Esta tarde he ido a recoger mi ordenador. Le he ampliado la memoria, el disco duro y me he puesto una grabadora de dvd, que no tenía; soy un antiguo ya de por sí sin play, pues imagínate sin grabadora de dvd…

Enfilando la calle Ferrocarril se me cuela por la izquierda un Citroën Saxo gris. El listillo, siempre hay uno y además (yo siempre buscando motivos) lleva las pegatinitas con los nombres a los lados de la matrícula. “Tú sí que eres antiguo”. “Y hortera”. Acelero un poco, no vaya a pensar que va a quedar impune tras colárseme, quiero que sienta la presión, la culpa. Un poco más adelante frena en un semáforo y compruebo el nombre del listillo (siempre he supuesto que la pegatina de la izquierda es la del dueño del coche y/o conductor habitual): Diego. El listillo de llama Diego. Miro la pegatina de la derecha: Fernando.

La primera vez que lo veo. Dos nombres de chico en el mismo coche. Conclusión que saco: hay listillos gays. Porque la otra es que hay gays horteras, pero eso no es difícil de ver.

Unos metros más adelante, en la plaza que hay junto a la calle Méndez Álvaro (que se llama Plaza del Amanecer en Méndez Álvaro, cosas del Álvarez del Manzano…) el saxo frena ante un paso de cebra elevado y yo me pongo a su lado para verle la cara a Diego, o a Fernando, y ponerle cara de “eres un listillo de mierda y un hortera con esas pegatinas”. Miro y quien conduce es una señora a lo Cándida supergraciosa. Evidentemente ante la sorpresa he pasado de ponerle caras y además ella que iba muy concentrada en ser una listilla ha pasado de mirarme. Exactamente lo mismo que hago yo cuando soy un listillo.